Apuntes sobre historiografía, tiempo y emociones

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Freddy Timmermann

Resumen

El análisis de los procesos emocionales puede generar nuevas percepciones sobre los tiempos históricos si se realiza en función de las categorías propuestas a inicios y finales del siglo XX por Husserl, Heidegger y Carr, en base a rememoraciones, protenciones, y en función del análisis de discurso (construcción de macroformas textuales, emocionales). Se propone aquí analizar una emoción específica para estudiar sus posibilidades, el miedo, pues presenta, dependiendo de la cultura del cuerpo, una inacabable ductilidad operativa y temática, cuya comprensión, sin embargo, debido a la complejidad y ritmos diversos de las configuraciones temporales vinculadas a él, adquiere verosimilitud histórica en un espacio social específico, las comunidades emocionales, también variables. De esta forma, es posible proyectar analíticamente, por ejemplo, los miedos derivativos, aquellos que vienen con las rememoraciones, con configuraciones del tiempo más amplias, en escalas diversas de duración, que siguen en constante movimiento, abriendo el tiempo hacia el pasado, transformándose y, por lo tanto, modificando el eje central de análisis que siempre se privilegia. Esto generaría en el trabajo historiográfico una racionalidad concreta y específica respecto a la forma en que el tiempo es trabajado por el historiador y a su desarrollo en el tema estudiado.


 


Abstract


The analysis of emotional processes can generate new perceptions about historical times if it is performed according to the categories proposed at the beginning and end of the twentieth century by Husserl, Heidegger and Carr, based on recollections, protentions, and based on the analysis of discourse (construction of textual, emotional macroforms). It is proposed here to analyze a specific emotion to study its possibilities, the fear, because it presents, depending on the culture of the body, an endless operational and thematic ductility, whose understanding, however, due to the complexity and diverse rhythms of the linked temporal configurations to him, acquires historical verisimilitude in a specific social space, emotional communities, also variable. In this way, it is possible to project analytically, for example, the derivative fears, those that come with rememorations, with broader configurations of time, on different scales of duration, which are constantly moving, opening time to the past, transforming and, therefore, modifying the central axis of analysis that is always privileged. This generates in the work historiográfico a specific and specific rationality with respect to the way in which the time is worked by the historian and its development in the studied subject.

Resumen

El análisis de los procesos emocionales puede generar nuevas percepciones sobre los tiempos históricos si se realiza en función de las categorías propuestas a inicios y finales del siglo XX por Husserl, Heidegger y Carr, en base a rememoraciones, protenciones, y en función del análisis de discurso (construcción de macroformas textuales, emocionales). Se propone aquí analizar una emoción específica para estudiar sus posibilidades, el miedo, pues presenta, dependiendo de la cultura del cuerpo, una inacabable ductilidad operativa y temática, cuya comprensión, sin embargo, debido a la complejidad y ritmos diversos de las configuraciones temporales vinculadas a él, adquiere verosimilitud histórica en un espacio social específico, las comunidades emocionales, también variables. De esta forma, es posible proyectar analíticamente, por ejemplo, los miedos derivativos, aquellos que vienen con las rememoraciones, con configuraciones del tiempo más amplias, en escalas diversas de duración, que siguen en constante movimiento, abriendo el tiempo hacia el pasado, transformándose y, por lo tanto, modificando el eje central de análisis que siempre se privilegia. Esto generaría en el trabajo historiográfico una racionalidad concreta y específica respecto a la forma en que el tiempo es trabajado por el historiador y a su desarrollo en el tema estudiado.


 


Abstract


The analysis of emotional processes can generate new perceptions about historical times if it is performed according to the categories proposed at the beginning and end of the twentieth century by Husserl, Heidegger and Carr, based on recollections, protentions, and based on the analysis of discourse (construction of textual, emotional macroforms). It is proposed here to analyze a specific emotion to study its possibilities, the fear, because it presents, depending on the culture of the body, an endless operational and thematic ductility, whose understanding, however, due to the complexity and diverse rhythms of the linked temporal configurations to him, acquires historical verisimilitude in a specific social space, emotional communities, also variable. In this way, it is possible to project analytically, for example, the derivative fears, those that come with rememorations, with broader configurations of time, on different scales of duration, which are constantly moving, opening time to the past, transforming and, therefore, modifying the central axis of analysis that is always privileged. This generates in the work historiográfico a specific and specific rationality with respect to the way in which the time is worked by the historian and its development in the studied subject.

Resumen

El análisisde los procesos emocionales puede generar nuevas percepciones sobre los tiempos históricos si se realiza en función de las categorías propuestas a inicios y finales del siglo XX por Husserl, Heidegger y Carr, en base a rememoraciones , protenciones, y en función del análisis de discurso (construcción de macroformas textuales, emocionales). Se propone aquí analizar una emoción específica para estudiar sus posibilidades, el miedo , pues presenta, dependiendo de la cultura del cuerpo, una inacabable ductilidad operativa y temática, cuya comprensión, sin embargo, debido a la complejidad y ritmos diversos de las configuraciones temporalesvinculadas a él, adquiereverosimilitud histórica en un espacio social específico, las comunidades emocionales , también variables. De esta forma, es posible proyectar analíticamente, por ejemplo, los miedos derivativos , aquellos que vienen con las rememoraciones , con configuraciones del tiempo más amplias, en escalas diversas de duración, que siguen en constante movimiento, abriendo el tiempo hacia el pasado, transformándose y, por lo tanto, modificando el eje central de análisis que siempre se privilegia. Esto generaría en el trabajo historiográfico una racionalidad concretay específica respecto a la forma en que el tiempo es trabajadopor el historiador y a su desarrollo en el tema estudiado.

Palabras Clave

Historiografía, emociones, tiempo, comunidad emocional, macroformas textuales emocionales.

Introducción

La historiografía es el estudio sistemático, desde problematizaciones temáticas insertas en el presente con protenciones de futuro, de determinados hechos del pasado. Debe necesariamente contextualizar epocalmente el juego de estos tres tiempos, configuraciones que tanto en la simplifican la vida misma que estudia, a veces en demasía. Llama siempre la atención que el presupuesto teórico sobre el tiempo sea ignorado en el marco teórico o metodológico de sus trabajos que analizan. Se habla de procesos o acontecimientos sin advertir sus limitacionesmetodológicas. Se da por sobreentendido que el desarrollo temáticoavanza en una línea de tiempo “ilustrada” que sostiene otras menores, limpiamente, lo que narrativamente es esencial, pero se realiza sin describir sobre los “hechos” las diversidades y puntos de encuentro y desencuentro, sus anulaciones o potenciaciones mutuas, etc. y cuáles son los instrumentos sobre el tiempo que el historiador utiliza para trabajarlos. En la última década, François Hartog (2007)propone la forma de hacer comprensible los regímenes de tiempo, el que se estudia y el de quien estudia, es- pecialmente cuando éste último cuestiona el existente que estudia y, en su extravío, genera una “crisis del tiempo". El “régimen de historicidad” es, por lo tanto, construido por quien historia, o debería serlo en cada tema que trabaja, pues no es sostenible que se reitere en contextos únicos e irrepetibles. No es el resultado de la construcción de un régimen de historicidad determinado para una investigación concreta sino su aplicación en cuanto “herramienta heurística” para comprender la forma en que los tres tiempos estructuran un régimen de tiempo determinado. Ricoeur (1995)trabaja desde la filosofía críticade la historiaconceptos, métodos y teoríasel tiempo historiográfico, no desde la experiencia del análisis de temas empíricos concretos, lo que es una limitación, porque no experimenta las dificultades de quien historia,para configurar el tiempo en contextos diversificados desde acontecimientos propiamente históricos, aunque tiene claras las dificultades que impone la subjetividad, las pretensiones de objetividad y la existencia de un sujeto que actúa, siente y piensa y conoce basado en su memoria e imaginario. Por ello, pese a que suhermenéutica fenomenológica se construye no desde la vida misma, desde los testimonios del pasado necesariamente, las relaciones que expone entre lenguaje y acción son fecundas para pensar el tiempo mismo porque su cógito herido está en la historia, en el “espacio de la experiencia” y “expectativas” de Koselleck”, lo que lo lleva a tomar en cuenta los momentos que la historia ofrece para hacer posible toda acción, a considerar el tiempo en sus sincronías y diacronías constantes, que no se detienen, “refigurándose” en textos diversos, en su palabras, contemplando los tres tiempos, integrando el tiempo ajenoal individuo (fenomenológico, cosmológico) y el propio, lo que origina el tiempo histórico, pero también con la necesaria producción de olvido.

Para Koselleck (2001)la historia como ciencia debe procurar comprender las experiencias a través de conceptos, siendo el lenguaje el vínculo delhombre con el mundo, poseyendoalgunas palabras un valor semántico mayor en una cultura en cuanto a significados, lo que él denomina “concepto fundamental”, pues posee una red de sentidos sociopolíticos, a diferencia de la palabra, donde significante y significado no se pueden separar. También el concepto se diferencia porque está en un contexto que le da sentido, pudiendo modificarlo, aunque para estudiarlo se le debe separar de estos y ver su desarrollo en el tiempo en cuanto a sus usos. La proyección de relaciones extra lingüísticas las obtiene de proyectarlos como “horizontes de la experiencia” en el pasado-presente y “horizontes de expectativas”, en el futuro-presente. Con ello puede determinar sus tiempos y relacionarlos. Es la “historia conceptual” con la que explicaría la semántica política-social que articulan los conceptos, proyectándolosa la historia social para ver sus efectos sociales, su uso. Si estos se mantienen, se repiten, entonces se consolida en el tiempo. Lo que les permite operar, existir extralingüísticamente, son categorías como “precursar la muerte” y “poder matar”, “amigo” y “enemigo”, “interior” y “exterior”, “estar arrojado” y “generatividad”, y “amo” y “esclavo”. Es el desarrollo de estas oposiciones lo que explica las transformaciones de los conceptos.

Se piensa aquí que el problema central de su teoría es lo que él denomina “concepto fundamental”, en el que históricamente centra significados articulados que evidencian experiencias socio-políticas, constituyéndose no de las relaciones objeto-significado sino de algo más asociado a ello, esencialismo que le impide proyectar la noción de cambio histórico en forma empíricamente concreta, menoscabando por lo tanto el cambio semántico, que debería ser la base para comprender aquel “concepto fundamental”. Éste opera analíticamente sin contexto, lo que abre la puerta para pensar que es la historia conceptual la que establece la historia social.

Hartog y Ricoeur no exponen un método para desarrollar sus valiosos presupuestos.Por su parte, Koselleck no establece debidamente la relación entre sociedad y cultura. Naturalmente sin ser definitivos, aquí se plantea una propuesta que puede aportar para avanzar en estas limitaciones que, con o sin razón, observamos en los autores mencionados.Apelamos al estudio de las emociones para ello, porque permiten entenderlas más ampliamente debido a que, siendo el cuerpo quien la procesa intro y extrospectivamente, acentúa la necesidad, para su comprensión, de detallar los contextos para comprender como opera la agency en juego. A diferencia de la historia cultural, que compara contextos culturales y determina estructuras de repetición, todo concepto emocional deriva de un contexto cultural único e irrepetible.

Como todo tiempo se genera a partir de acciones concretas, es necesario focalizar sobre cuales se le estudiará. Aquí se expondrán sus posibilidades al estudiar una emoción, el miedo, porque permite tensionar en forma muy particular los aspectos metodológicos del tiempo en su estudio, pero también establecer una racionalidad sobre el tiempo mismo. Se sostiene que es, justamente,su inaprensibilidad plena lo que le otorga un enorme potencial de apertura, en la dirección antes señalada. Se expondrán sus presupuestos teóricos y se analizarán sus alcances para la historiografía en relación con el tiempo. Por eso se verá primero la emoción y sobre ella se analizará el tiempo, posteriormente. Finalmente, se verán los puntos de encuentro de las concepciones propuestas, las rememoraciones y protensiones , con, por ejemplo, los miedos derivativos, los afectos, etc. y se propondrá una forma de trabajar las fuentes escritas con estos presupuestos desde los análisis de discurso, en que el tiempo se origina en estructuras que sincrónica y asincrónicamente remiten a los “hechos”, en este caso, “acontecimientos” braudelianos para este estudio. .

¿Qué es la emoción?

La emoción está presente en todo proceso psicológico, siendo una experiencia afectiva. Abarca sistemas de respuestas cognitivos, fisiológicos y conductuales, que no necesariamente operan en forma sincrónica, preparando al organismo para actuar de acuerdo a lo que exigen las condiciones ambientales, “movilizando la energía necesaria para ello” y “dirigiendo la conducta (acercando o alejando) hacia un objetivo determinado”; sus funciones sociales facilitan la aparición de conductas, como expresar la emoción apropiada, central para los procesos de relación interpersonal, e influyen los aspectos motivacionales que le otorgan a ésta dirección e intensidad (Choliz, 2005: 3-6).No existe acuerdo sobre la mayor o menor incidencia de las variables que generan la emociones, que, pero sostener la existencia de un patrón único o estable al respecto sería menoscabar la capacidad de respuesta del hombre antes contextos diferenciados y cambiantes. Se piensa que las variables pueden operar individual o integradamente en combinaciones distintas, de acuerdo a la necesidad contextual y a la comunidad emocional donde se desarrollen. La variable cognitiva es de primera importancia, por los vínculos establecidos entre la forma en que la evaluación constante de un entorno percibido como peligroso o amenazante en contextos de inseguridad establece conductas sociopolíticas generadas por procesos emocionales. El estudio del lenguaje es central a la hora de establecer cómo una existencia significativa lleva a prácticas específicas, porque, se cree con Cabrera, el “cuerpo de categorías mediante la cual, en toda situación histórica, los individuos aprehenden y ordenan significativamente la realidad social (y que, en consecuencia, opera como organizador básico de su práctica), no es el reflejo subjetivo de una estructura social objetiva, sino que constituye una esfera social específica , dotada de una lógica histórica propia” (2001: 50).El discurso otorga un significado al contexto social, preparando una acción en que el cuerpo por medio de las emociones calibraría este significado, según la energía y elementos psicofisológicos particulares de que cada uno dispone. Lo complejo para el análisis historiográfico, además de encontrar las fuentes pertinentes, es que nunca una emoción opera sola sino integradas a otra u otras. Por ello es central la interrelación de las rememoraciones y protenciones que se vinculan a cada una de ellas[ 1 ].

La emoción para algunos autores (Bourke, 2006)no debe definirse, pues con ello se corre el riesgo de enmarcar a priori su comprensión que ocurre en un determinado contexto, que siempre es único. Es más, sostienen que nada más se debe describir su funcionamiento en éste. Para otros, se debe definir a partir del contexto estudiado, porque es necesaria la creación de teoría para enriquecer su percepción. Aquí se piensa que ambas posibilidades no son excluyentes. Es fundamental para el historiador la descripción del contexto de ocurrencia del tema en estudio, que en clave historiográfica podríamos denominar perfectamente positivista. A partir de allí, en una continua apertura interpretativa que debe alimentarse a sí misma, negarse incluso a sí misma y, por lo tanto, replantearse en el desarrollo de la investigación, surge la emoción operando en contextos variados que se modifican, es decir en marcos temporales diversos que se superponen, se anulan, etc., modificando, por lo tanto, la necesaria conceptualización ordenadora que va surgiendo, válida para cada contexto pero, al mismo tiempo, siempre constituyéndose como precaria en sus sostén temporal. Si el análisis es de varias emociones, si las fuentes lo permiten, es inevitable encontrarse con configuraciones temporales distintas para cada una, lo que es extremadamente complejo aunque necesario, porque nunca una emoción opera en soledad. Por ejemplo, el límite del funcionamiento histórico entre miedo e ira (Arriaza, 2018: 41-54) es muy difícil de establecer más allá de los presupuestos teóricos previos.

El tiempo

Es necesario detenerse un momento en los conceptos de tiempo que Husserl propuso entre 1905 y 1915 para poder, posteriormente, vincularlo a la tarea historiográfica centrada en el análisis de las emociones. Al actuar el hombre debe constituir “una objetividad individual” a partir de las “conexiones de orden” que se encuentran en sus “vivencias”. Para él, “No cabe representarse, o mejor dicho, poner una duración, sin ponerla en una conexión temporal, o sea, sin que se presenten intenciones de la conexión temporal”. Para ello, el pasado es recordado de dos formas.La “memoria primaria” permite tener conciencia de que algo está sucediendo en el presente, visualizado en función de un pasado inmediato.Se genera con la producción de una protoimpresión , en una concienciaen “cambio permanente”, convirtiendo el “ahora fonético” en retención , “un ahora, algo actualmente existente en presencia”, que lo es “de un tono que hasido”, un “ahora actual de la conciencia” que cambia de retención en retención . Es una “aprehensión actualizante” pero aun “no está temporalmente presente” sino sólo es “recordado a modo primario en el ahora, es decir, no se halla real-inmanentemente en la conciencia retencional”. La otra forma de recordar el pasado, que opera paralela a la anterior, o sobre la anterior si se quiere, la rememoración , actualiza la percepción del contexto “sin necesidad de acoplarse a percepciones”, estableciendo “una objetividad duradera”, en base a las retenciones, que pueden ser modificadas. Propiamente, aquí estamos hablando de recuerdos funcionales a la necesidad de actuar, por lo que estos “objetos temporales” “extienden su materia sobre un lapso temporal”. La rememoración también recuerda el pasado proyectando el futuro, porque“todo recuerdo contiene intenciones anticipativas cuyo cumplimiento conduce al presente”. Son las protenciones . Estos horizontes de la rememoración se abren constantemente hacia el pasado y hacia el futuro, actualizándolos para el presente actuado(Husserl, 1959: 76-103-133, 163).Se produce un acontecimiento , el despliegue con fases distinguibles, cada una experimentados como un principio, como un fin o una fase intermedia. Se pueden combinarpara originar otros de mayor escala, volviéndose elementos estructurales y no meramente secuenciales, reordenando los acontecimientos y su significado de acuerdo al papel diferente por parte del agente (Carr, 2015: 88, 91, 93). Refiriéndose a la historicidad del “ser ahí”, Heidegger sostiene que éste no es temporal por estar dentro de la historia “sino que, a la inversa, sólo existe y puede existir históricamente por ser temporal en el fondo de su ser” (Heidegger, 1986: 407).Se piensa aquí que estos elementos, en la necesaria evaluación del contexto que realizan para actuar, contemplan realidades emocionales y es esta variación constante de los ritmos de la acción la que requiere ajustes en la rememoraciones y protenciones [ 2 ].

El miedo[3], el tiempo y las emociones

Se ha afirmado que toda emoción se desarrolla en un contexto específico, porque “sentimos y nos emocionamos de acuerdo con el entorno en el que hemos nacido y en el que vivimos” y las emociones “adquieren significado por la conciencia que el sujeto tiene de las mismas y que irradia en su forma de ver y valorar el mundo” (Camps, 2011: 29, 36). Una de ellas, el miedo, es una experiencia que genera un efecto emocional variable debido a la interpretación de una vivencia, objeto o información como potencialmente peligroso, cuando su control o anulación es incierta. Historiográficamente es de sumo interés porque pertenece a aquellas emociones que “pueden ser cotejadas con el objeto para discutir su racionalidad” (Kessler, 2009: 38, 39). Para Bauman, “Tememos aquello que no podemos controlar, denominando incomprensión a esa imposibilidad de control”. Miedo, expresa, es el nombre que damos a nuestra incertidumbre e indefensión (2007)[ 4 ]. El miedo está vinculado en su desarrollo a conocimiento, específicamente a creencias y la mayor parte“involucra evaluaciones del objeto que la genera y aprecian el objeto como significativo y no trivial revelando a veces patrones “de los que no teníamos experiencia previa” (Nussbaum, 2006: 40-49). Ya se expresó que es posible realizar configuraciones temporales con él, lo que constituye parte de la evaluación mencionada, porque es una vivencia que se experimenta en una situación de inseguridad, por lo que su desarrollo temporal transitará hacia la búsqueda de un contexto de seguridad, debido a que el hombre no se desarrolla en la incertidumbre (Delumeau, 2002: 80, 81) . Los miedos comienzan en el cuerpo y se desarrollan a partir de él, como cualquier otra forma de comunicación y de socialización (Mongardini, 2007: 4). El efecto psicofisiológico del padecimiento del miedo (Mannoni, 1984) transforma al individuo. A ello se suma que la modificación de su racionalidad de percepción del objeto, vivencia o información generadora de éste le produce una incertidumbre e inseguridad y con ello dolor, hecho que pasa a constituir el centro del problema a resolver: liberarse del dolor padecido. Así, el miedo se constituye en un estado de desorientación, de ceguera afectiva, el problema más importante de la vida; es sufrimiento psíquico (Diel, 1995:15-19).Por ello es que el temor “actualiza un proceso profundo de ritualización con el fin de destruir el suspenso y la incertidumbre propia del futuro” (Korstanje, 2011). Del estado psicofisiológico de dolor mencionado se quiere escapar por medio de una legitimación racional del miedo. Esta puede para ello, paradojalmente, instalar otros miedos. Pero las reacciones, junto a la interpretación racionalmente concebida, al mismo tiempo, contemplan la activación de elementos fisiológicos que influyen la interpretación que sigue un curso también neurológico (Timmermann, 2018c). Por ejemplo, la hipótesis planteada por Daniel Feierstain permite precisar la forma en que opera esta racionalidad del miedo en cuanto desensibilización , pacto denegativo , e ideología del sin sentido (Feierstain, 2012: 34-81).

Historiografía y Comunidades Emocionales

El historiador puede y debe elaborar acontecimientos en base a rememoraciones y protenciones como elemento básico de su trabajo. Pero, ¿cómo visualizarlas? Naturalmente, hay una multiplicidad de posibilidades para ello, pero aquí nos centramos enlas emociones. Estas deberían, en forma plástica y dúctil, de acuerdo a los contextos y transformaciones de rememoraciones y protenciones que forman parte de ella, unificar los análisis del transcurso de un hecho en un tiempo antes delimitado por el historiador, lo que, por otro lado, plantea el desafío de atender un desarrollo que siempre se está abriendo históricamente como resultado de su aplicación metodológica.Si se considera que la emoción es “una forma desterritorializada, fluctuante e impersonal de energía que circula a través de lo social sin someterse a normas ni reconocer fronteras”, que “no puede deslindarse de los niveles éticos, estéticos y políticos que configuran sistemas interdependientes de significación que se sostienen entre sí y se proyectan como totalidades de sentido sometiéndose a incesantes procesos de interpretación” (Moraña: 2012: 320, 323), que constituyen una instancia global en la existencia humana de dosifica la energía social que opera en contextos cambiantes en una economía de dolor, en la búsqueda de establecer contextos de mayor seguridad para vivir,la tarea de unificar análisis del transcurso de un hecho en un tiempo antes delimitado por el historiador aparentemente es imposible. Porque, además del uso de las categorías de Husserl, ¿cómo centrar su operatividad, factualmente? ¿cómo, pese a la simplificación en que con ello se incurre, se pueden constituir en un objeto historiográfico posible de analizar? Por último, no debe olvidarse que las emociones son también personales y, así enfocadas, se caería en una dispersión inabarcable analíticamente, además de que es posible que no existan fuentes suficientes para ello.Sin embargo, su inteligibilidad historiográfica surge de dos hechos: al considerar de que hay acuerdo en que es la cultura la que determina las emociones, desde el cuerpo mismo, su eje central en su génesis, y al percibir de que una ampliación para su aprehensión y comprensión es determinar las emociones a niveles sociales más amplios, precisando determinadas comunidades emocionales .

Estas últimas “son grupos -normalmente pero no siempre grupos sociales- que tienen sus propios valores particulares, modos de sentir y maneras de expresar esos sentimientos. Al igual que las ´comunidades de habla´, muchas de ellas están muy próximas en la práctica a otras comunidades emocionales de su tiempo, o muchas son muy únicas y marginales. No son ´entidades limitadas´. De hecho, el investigador puede definirlas de manera bastante amplia o más bien estrecha”. “Las comunidades más delimitadas permiten al investigador caracterizar de manera despejada el estilo emocional del grupo. Comunidades más grandes contendrán subcomunidades emocionales y de contra-estilo si así lo desean” (Rosenwein, 2005: 3)[ 5 ]Por ello, una escala abarcable es el análisis del desarrollo temporal de una emoción específica, el miedo, en determinadas comunidades emocionales .

Macroformas textuales emocionales y configuración del tiempo

Las protenciones y rememoraciones se evidencian discursivamente en la fuente estudiada en afirmaciones que, a lo largo del discurso, van describiendo esta forma de mirar la articulación pasado-presente futuro, en todas sus variaciones. Se otorgan así expectativas a las acciones, lo que se traduce en adquisición de seguridad o inseguridad y construcción de ideologías, del sin sentido de ser necesarias en contextos patologizados, para legitimarlas. Estas expectativas se traducen en ritmos posibles de acción en función de la soportabilidad que el contexto permita, y que el cuerpo tolere psicofisiológicamente. Se determinan así umbrales de tolerancia de la acción en determinados contextos. Cada comunidad los posee y los construye.

Para analizarlos, primero, se debe describir el contexto histórico de producción y de recepción de las fuentes disponibles, para establecer los límites en que es necesario visualizar el fenómeno estudiado. Desde aquí se proyecta la búsqueda de los “acontecimientos”[ 6 ] históricos relacionados con el miedo, por medio de una “gramática de texto”, quedebe dar cuenta no sólo de las oraciones sino también de las relaciones entre estas oraciones, es decir, de los textos enteros subyacentes a estas emisiones. Podríamos decir que las “palabras llenas” (sustantivos, adjetivos, verbos) vinculadas al miedo de la correferencia léxica[ 7 ] son en el texto nuestros “acontecimientos”, pese a que estos aun no son contextualizados fuera de él.

  • Una gramática de texto sólo puede dar cuenta de ciertas estructuras regulares y sistemáticas del tipo de discurso, pero, especialmente, interesan las propiedades que la gramática de la oración no puede explicar adecuadamente, las secuencias que generan varias oraciones, pues ahí vemos su función semántica. Así es como es posible agrupar temas que, configuran aspectos potenciales del miedo.En esta primera etapa se perciben las “coherencias locales” y “globales” del miedo. La “coherencia lineal” o “local” se define en términos de relaciones semánticas de oraciones individuales de la secuencia. La “coherencia global” caracteriza a un texto como un todo. Llegamos así a otra etapa, a la construcción de “macroestructuras”, los contenidos globales de un discurso –que puede estar constituido por fuentes diversas-, significado del todo que especificamos en términos de los significados de las partes: de las “palabras llenas”, de las oraciones del discurso, de su secuencia proposicional, ya establecidas. A partir de lo anterior, debemos ser capaces de determinar el “tema” o “temas” del discurso, también denominados“asunto”, “resultado”, “idea general”, relacionados con el miedo. No es en el sentido de las oraciones sino del discurso como un todo o de fragmentos más o menos grandes que se hace explícito en términos de una estructura semánticade los documentos estudiados el miedo contextual.

  • Es esto lo que se proyecta buscando precisar su coherencia pragmática y, con ello, su carácter propiamente historiográfico. En esto último se toma aquí cierta distancia de Koselleck porque es donde originarán las configuraciones del tiempo. Este significado será integrado posteriormente a un nivel mayor. La coherencia local y global son interdependientes y se relacionan con la coherencia pragmática no según las oraciones sino según los actos del habla que se logran al emitir un texto en un contexto adecuado.Esta es la razón central que llevaa completar estas nociones de coherencia con una explicación cognoscitiva, historiográfica si se quiere, que busca establecer su contexto de producción y recepción en función de la situación de poder que se experimenta en el estudio que se realiza, porque la coherencia de un texto depende tambiénde las relaciones entre los referentes de las expresiones de las oraciones respectivas, por lo que es necesaria una semántica referencial o extensional, para atribuir “verdad” y no sólo significado a las oraciones de una lengua. Esa partir de las macroformas que es posible precisar las rememoraciones o protenciones configuradas para el control del tiempo que sustentan la acción. La emoción como elemento histórico no puede ir separada de la configuración temporal y de la acción.

Conclusiones

Trabajar una emoción específica como el miedo obliga, en lo posible, a atender en el análisis de las fuentes los desarrollos de sus múltiples componentes, cada uno operando en forma independiente, lo que genera la elaboración de rememoraciones y protenciones diversas que permiten una relativamente ordenada comprensión, debido a procesos temporales que en su desarrollos generan configuraciones interrelacionadas, especialmente en unidades sociales como las comunidades emocionales , porque las emociones son unaforma desterritorializada, fluctuante e impersonal de energía que circula a través de lo social , como ya se afirmó.Se ha descrito desde el análisis de discurso la forma en que se pueden construir las macroformas textuales del miedo y precisar desde el contexto su proyección pragmática, y que es esta variación constante de los ritmos de la acción la permite precisar los ajustes constantes en la rememoraciones y protenciones realizados[ 8 ].

Escribimos en otro trabajo (Timmermann, 2018a) que al ampliar las posibilidades que Husserl otorgó a sus conceptos al proyectarlos a la historia de las emociones, es posible realizar en mejor forma la percepción de lo que Hartog denominó “momentos de crisis”, cuando se produce una transición en el uso de las rememoraciones-protensiones debido a que el presente impone contextos que deben ser rearticulados en su configuración temporal para adaptarse mejor a ellos. Pensar rememoracionalmente el tiempo desde la acción del hombre permite también percibir nítidamente, desde su figuración en la conciencia, el presente-futuro y, con ello, lo que Koselleck denominó espacio deexperiencia y horizonte de expectativa , permitiendo unir, de ser necesario, configuraciones lineales y circulares que operan integradamente, ya sea sincrónica o diacrónicamente. También duraciones cortas, medianas y más extensas, sin desconocer el efecto -emocional- de cada experiencia, cada una con sus propias densidades, siempre dependiendo de la interpretación reflexiva de las fuentes en base al desarrollo de las configuraciones del tiempo señaladas.

Las rememoraciones y protenciones configuradas lo son de una multiplicidad de acontecimientos que en su transcurso se anulan o se influyen positivamente, etc., abriendo escenarios históricos que, en cuanto potencia emocional, es necesario ir describiendo enlas inseguridades o seguridades que contienen en cuanto a su calidad de, por ejemplo, miedos derivativos , como, a partir de ello, la consolidación de procesos de desensibilización , pactos denegativos e ideologías del sin sentido , por ejemplo, para procurar explicar el componente fisiológico, en este caso vinculado a la memoria y capacidades neuronales en juego. Ello fija corporalmente el fenómeno histórico. Así, cuando, por ejemplo,una fuenteexpresa en el estudio del Proceso de Reorganización Nacional de Argentina que la Junta Militar impuso a la población un juego perverso advirtiendo que la vida pública era peligrosa debido a que un enemigo invisible podía atacar en cualquier sitio y momento, y que podía ser un vecino, un artista, un maestro o un cura; que ponía bombas en las salas de cine y en las estaciones de metro e incluso escondía artefactos explosivos en regalos de aspecto tan inocente como las flores o los juegos de bolígrafos, lo que historiográficamente se tiene que precisar es la existencia en ello de tiempos diversos que operan en escalas sociales diversas, con hechos concretos. También, el dolor que se padece, las dependencias psicofisiológicas que se consolidan culturalmente, las transformaciones de las identidades sociopolíticas que se comienzan a desarrollar por largo tiempo en el desarrollo de una economía de dolor. En el fondo, los diversos condicionantes históricos que el miedo determina y sus transformaciones y, por ello, sus ritmos temporales.

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Recibido: 26 de septiembre 2018

Aceptado: 05 de noviembre 2018

References

  1. Se han seguido contenidos de “Miedo, Emoción e Historiografía” (Timmermann, 2015a)...
  2. Se han seguido contenidos de “Tiempo, emociones e historiografía” (Timmermann, 2018a) e “Implosion of Time: Body, Emotions and Terror in the Neoliberal Civilization in Chile” (Timmermann, 2018 b)...
  3. Para referirse al miedo, se siguen contenidos de El Gran Terror. Miedo, emoción y discurso. Chile, 1973-1980 (Timmermann: 2015b, pp. 37-58), donde tienen un desarrollo más amplio...
  4. Camps sostiene que “La misma incertidumbre que acompaña al miedo es la que permite trucar ese miedo en esperanza”. “El resultado del cruce de visiones contradictorias de lo mismo es el desapego, la falta de credibilidad y la desconfianza generalizada” (2011: 189, 190)...
  5. Se agradece a Rafael Arriaza la gentileza de facilitar la traducción desde el original...
  6. El acontecimiento es un “hecho notado, señalado a nuestra atención, registrado, convertido de un modo u otro en visible para nuestra mirada, por una luz tal vez fortuita, en medio de la masa de esos hechos innumerables que, a cada instante, conforman la historia ideal y completa del mundo”, “no implica a la fuerza que haya de ser siempre un hecho considerable”… lo que decidirá su importancia no es el ruido que haga en su momento o el ruido que se haga en torno de él, sino las consecuencias que se deriven o no de él… hijas del tiempo”. “No representan la historia entera del tiempo que pasa sino superficie nada más” (Braudel, 2002: 24, 25, 28)...
  7. 7. El trabajo de correferencia léxica buscan establecer una cohesión léxica, determinada por una semejanza referencial dentro del texto. (Kerbrat-Orecchioni, 1997: 43-150)...
  8. Se han seguido contenidos de “Tiempo, emociones e historiografía” (Timmermann, 2018a) e “Implosion of Time: Body, Emotions and Terror in the Neoliberal Civilization in Chile” (Timmermann, 2018 b)...

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TIMMERMANN, Freddy. Apuntes sobre historiografía, tiempo y emociones. Autoctonía. Revista de Ciencias Sociales e Historia, [S.l.], v. 3, n. 1, p. 28-35, ene. 2019. ISSN 0719-8213. Disponible en: <http://autoctonia.cl/index.php/autoc/article/view/113>. Fecha de acceso: 23 feb. 2019 doi: http://dx.doi.org/10.23854/autoc.v3i1.113.
Sección
Dosier Teoría e Historia en América Latina