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Raúl Marrero-Fente, Poesía épica colonial del siglo XVI. Historia, teoría y práctica, España, Iberoamericana/Vervuert, 2017, 280 págs.
Reseña Ago 30 2019
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El autor busca con su libro restituir la importancia a la poesía épica como género literario dentro de los estudios coloniales en el siglo XVI. Este utiliza la metáfora del fantasma para dar cuenta tanto de su condición de invisibilización y desplazamiento en los estudios literarios coloniales, como para abordar el análisis de las ideas grises inscritas dentro de los textos épicos que aborda en su reflexión. Marrero-Fente considera que el desdén o infravaloración hacia el género épico en la actualidad tiene su origen en la reflexión de Aristóteles en torno al estatuto ontológico de la épica, donde el griego -en su Poética- subordina la épica a la tragedia. A su vez, destaca que en el Renacimiento, las normas estipuladas por Aristóteles sobre la tragedia fueron extrapoladas a la épica, las que se amalgamaron con nociones horacianas sobre el decoro y concepciones cristianas, otorgándole límites difusos a dicho género literario. En esta demarcación de límites es importante mencionar también la influencia de Virgilio, desde donde se extraen las normas de la poesía heroica y la creación poética en general que no habían sido elaboradas por los trabajos de Aristóteles. La producción de la poesía épica en América, escrita al calor de la conquista del continente, se encuentra vinculada a una tradición literaria de lato desarrollo, donde la influencia de las obras clásicas -como la Odisea, Ilíada, Eneida, Farsalia, Metamorfosis, etc.-, la épica medieval y las crónicas rimadas hispanas son fundamentales. Entre las características más importantes del género épico se encuentra su condición de género mixto, donde convergen formaciones discursivas heterogéneas, tales como la historia, la religión, el derecho, el discurso científico, la geografía, etc. Asimismo, encontramos en el desarrollo de este género dentro del Nuevo Mundo una evolución de los temas tradicionales de la épica cantados desde sus orígenes -el heroísmo de los hombres y los dioses, las batallas, el sentido de comunidad y los vaticinios y profecías, por mencionar algunos-, lo cual entrega a los cantos características de continuidad y, a su vez, de expansividad, por medio de la incorporación de las vivencias de los europeos dentro del continente americano. El autor destaca la concordancia entre las voces poéticas y la empresa de conquista, donde la poesía se convierte en un instrumento que se encuentra en función de la legitimación de la dominación colonial hispana ejercida sobre las gentes y los territorios descubiertos. En este sentido, podemos ver que en muchos de los poemas que abarca el libro se nos presenta una imagen heroica e idealizada de los conquistadores, donde se resaltan sus hazañas y virtudes en los territorios americanos. También evidencia la capacidad de la épica para generar ficciones con una función ideológica y da cuenta de la relación discursiva entre la historiografía y la literatura en los textos referentes a la conquista de América. Considero que uno de los grandes aportes del trabajo de Marrero-Fente es que, por medio de la revisión y reflexión de una amplia producción poética en el siglo XVI, tensiona las fronteras que podemos establecer entre historia y poesía, cuando consideramos que ambas se encuentran jugando el mismo rol de servicio dentro de un contexto histórico atravesado por la expansión colonial del imperio español dentro del continente americano; que historia y poesía están siendo utilizadas con el objeto de legitimar las acciones de los hispanos y de ser útiles para sus intereses. Quiero alejarme de la metáfora del fantasma, tal como la plantea Marrero-Fente en este libro, y comentar un aspecto destacado por el autor en su libro, que se refiere a la estrecha relación entre poesía e historia en la producción poética en América, que tiene como tema central la conquista del continente impulsada por los súbditos de la Corona. En relación con lo anterior quiero traer a colación la siguiente reflexión de Walter Benjamin, perteneciente a sus Escritos sobre la historia: “Articular el pasado no significa conocerlo `como verdaderamente ha sido´. Significa apoderarse de un recuerdo tal como este relampaguea en un instante de peligro. Al materialismo histórico le concierne aferrar una imagen del pasado tal como esta le sobreviene de improviso al sujeto histórico en el instante de peligro”. A la metáfora del fantasma, propuesta como noción útil para comprender los poemas épicos producidos en el siglo XVI en torno a la conquista y colonización de América, creo que se le debiese agregar la idea de peligro. El peligro que acecha a los autores -por mandado de otros o por iniciativa propia- de los poemas que recopila el libro, la amenaza que los lleva a emprender el trabajo de cantar para mantener, cuestionar o conseguir derechos y privilegios, para legitimar la posición propia y deslegitimar el lugar de otro. Esto lo podemos ver claramente reflejado en los textos épicos que forman parte del ciclo cortesiano, ciclo que emerge al calor de la lucha del grupo de los conquistadores y sus descendientes, por el derecho a recibir encomiendas a perpetuidad y la reclamación que estos hacen de la restitución de su posición preponderante dentro del ordenamiento social colonial, de la cual se vieron desplazados por la voluntad centralizadora de la Corona que les restó poder político. El tópico de salvar la memoria del pasado del Laberinto de la fortuna de Juan de Mena es un lugar común dentro de los poemas que integran el libro, así como también lo es la función de servicio a los intereses de los hispanos que asume la épica en estos textos. Nuestros poetas cantan para dar a conocer, para inmortalizar las hazañas y actos heroicos, para relatar la vicisitudes de unos conquistadores que salieron a andar el Nuevo Mundo, con el objeto de que sus interlocutores los conozcan y los reconozcan. Este canto, a mi parecer, es compelido por los fantasmas que acechan el presente de los poetas, por los peligros que los atemorizan y que los llevan a construir un pasado épico que contribuya a su supresión. Carlos Leal Yasima Universidad de Chile
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